CASTILLO DE LA MOTA


Se piensa que el castillo de La Mota pudo existir ya en el siglo X, aunque documentalmente no tenemos constancia de él hasta el año 1035. Una de las primeras menciones de la fortaleza la encontramos en la obra del monje Rodulfo “Traslación del Santo a Carrión y sus milagros hasta hoy no publicados” (1136), en la que se incluye el milagro obrado por San Zoilo a un astudillano: “Vino a Carrión un ciego de un castillo de nuestra comarca, llamado Estudillo”.

La función de este castillo quizás fue la de reforzar la importante fortaleza de Castrogeriz, por lo que pudo jugar un importante papel en los enfrentamientos entre Fernando I y Bermudo III cuando la frontera entre León y Castilla se fija en el río Pisuerga (algunos piensan que la batalla de Tamarón tuvo lugar en Támara). También con Alfonso VII el castillo de La Mota vuelve a tener un destacado papel frente a las tropas aragonesas asentadas en Castrojeriz.

Durante los turbulentos años del gobierno de María Molina-Fernando IV las defensas de Astudillo sufrirán en el 1295 los ataques del infante don Juan, quien llega a tomar temporalmente la villa.
Más graves serán los enfrentamientos que mantuvo Juan II con Juan de Tovar (señor de Astudillo) tras la batalla de Olmedo. En el año1445 el alcalde de La Mota (Beteta) se niega a entregar el castillo al monarca, incluso se dice que intentó quitarle la vida mientras se hospedaba en sus palacios. Finalmente Juan II conseguirá hacerse con el castillo (lo ataca desde el arco de San Martín) y deshacerse de su alcalde (le “hizo cuartos”). Posteriormente el monarca concederá el perdón a Juan Tovar y le entregará de nuevo Astudillo. Sin embargo, el nuevo alcalde se niega a abandonar el castillo, lo que motivará más enfrentamientos en la villa. Es posible que el castillo de La Mota se viera envuelto en otros conflictos que por estas tierras se produjeron durante el reinado de este monarca, como la toma del castillo de Castrojeriz por Juan II en 1431 o la sublevación que protagonizaron en 1451 Juan Tovar y Alfonso Enríquez en Palenzuela y Hornillos.
Hoy de esta antigua fortaleza, construida en buena sillería, únicamente se conserva una torre cilíndrica que presenta en su parte baja grandes troneras abocinadas para la artillería y en la superior aspilleras preparadas para la mosquetería y parte de un balcón. Un potente muro une esta torre con los restos de otra también de planta circular. Todas estas estructuras (a las que habría que añadir los restos posiblemente de la torre del homenaje) se vienen fechando en la segunda mitad del siglo XV.
Las ruinas del Castillo de La Mota se han visto muy alteradas por la proliferación en su entorno de bodegas y viviendas rupestres (ya en el siglo XVI existían bodegas debajo de la fortaleza). En la actualidad son propiedad municipal y están declaradas Bien de Interés Cultural (protegidas como Monumento desde 1949).
Por otro lado, hay que suponer que las murallas de Astudillo tienen el mismo origen que el castillo, aunque también hay dudas sobre el momento en que se levantaron. Las cartas conservadas de Fernando III (1219) y María de Molina (1304) por las que se exime a varios pueblos del entorno del pago del tributo de la mena o muralla de Astudillo ha llevado a algunos investigadores a pensar que estas defensas posiblemente se construyeron en los siglos XIII-XIV (a principios del siglo XV, Fernando Sánchez de Tovar demandaba a los vecinos de Astudillo el pago de los pechos para la cerca y el puente). Es posible que en su edificación se emplearan materiales procedentes de construcciones arruinadas ya que se menciona la existencia en sus muros de un relieve con un toro (puerta de Santoyo), la cabeza de un hombre, marcas en forma de estrella, etc.
Las murallas de Astudillo aún se conservaban bastante bien hasta mediados del siglo XVIII cuando se inicia su demolición para utilizar la piedra en el empedrado de las calles. En el año 1749 se derriba la puerta de Revilla (también conocida como Real o de San Marcos) y a partir de 1914 se desmonta la de Santa Eugenia y los restos de las de San Pedro, Santoyo (o de Santa María) y Santa Clara. Existen planos del siglo XIX donde se aprecia el trazado de estas defensas (Coello 1852) y fotos de las puertas de Santa Clara y Santa Eugenia que permiten constatar su semejanza con la aún conservada de San Martín.
Ésta es una esbelta puerta de sillarejo con arco apuntado al exterior y rebajado al interior, en la que aún son visibles los huecos del portón. Sobre ésta se disponen estrechas aspilleras y un remate almenado. La puerta tuvo en su día baluartes laterales y se piensa que pudo edificarse en el siglo XIV.
Además, se tiene constancia de la existencia de otra puerta junto al Castillo conocida como de San Antón. Sus nombres proceden de su ubicación junto a las salidas de Astudillo y de su proximidad a los templos y santuarios del pueblo. También algunas de estas puertas alojaron pequeñas ermitas como la de Santa Eugenia y la de Nuestra Señora de las Nieves (en la de San Pedro).
A mediados del siglo XIV el convento de las Claras protegerá sus instalaciones y su barrio de La Puebla con una cerca que se adosará a las murallas de Astudillo. En ella se abrirá la puerta de Santa Clara (la abadesa custodiaba su llave) protegida por un torreón almenado que aún se mantiene en pie (y que quizás no llegó a terminarse). A principios del siglo XV Fernando Sánchez de Tovar tapiará esta puerta y derribará parte de la tapia que unía la muralla al palacio de Pedro I para evitar que unos vecinos del pueblo buscaran asilo en el convento.
Maximiliano Castrillo nos informa de que la cerca del convento se arruinó en el siglo XVIII y fue pronto reconstruida. Además anota que la muralla de la villa iba desde la puerta de San Martín hasta la iglesia de Santa María por la acera del mediodía de la calle del Hospital (donde, según Anacleto Orejón, existió un portillo que comunicaba La Puebla con la villa).
Tradicionalmente se viene relacionando con estas defensas de Astudillo la compleja red de pasadizos subterráneos que recorren buena parte del casco urbano de la localidad. Éstos parecen partir de forma radial desde el Castillo de La Mota y se extienden sobre todo por los barrios de San Vitores y Santa María, sin sobrepasar el antiguo recinto amurallado y siguiendo la alineación de las calles. Galerías y pequeños habitáculos construidos con sillería de piedra caliza y cubiertos fundamentalmente con bóvedas de cañón (también hay arcos apuntados). Galerías similares a las de Astudillo también se han localizado en el cercano pueblo de Villalaco.








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